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[KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

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[KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

Mensaje por Kim Kathy ♡!~ el Miér Mayo 08, 2013 10:26 pm

Nombre del fic: Y fueron felices...

Autora: Fiona Harper

Adaptadora: Katherine (KimKathyLeeJang)

Duración: 11 capítulos + Prólogo y epílogo

Genero: Romance, comedia.

Advertencia: Posible lemon en un futuro

Personajes: Cho KyuHyun/Lee SungMin

Otros: Bueno aquí una adaptación de una novela que leí hace un buen par de años y que me parece perfecta para un KyuMin *O*; espero les guste y depende la aceptación que reciba hoy mismo subiré el primer capítulo.

***


PRÓLOGO


El corazón de Lee SungMin no había dejado de sufrir desde que perdió a su querida esposa y a su pequeña hija, pero sabía que ya había llegado el momento de seguir adelante con su vida. ¡Y el primer paso que dio para conseguirlo fue responder al anuncio del famoso manager musical Cho KyuHyun, que necesitaba un asistente!

KyuHyun era un hombre aparentemente tranquilo y poderoso que podía hacer y deshacer carreras musicales a su antojo, pero fue la compasión que residía bajo su personalidad fría y distante la que volvió a despertar el interés de SungMin por la vida...

***

Espero les guste, esperare anciosa po
r sus comentarios.





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Re: [KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

Mensaje por karo_OH19 el Miér Mayo 15, 2013 12:15 pm

HOLA Kath... (aclarandose la voz) soy Ha Na.....KKKK Kangin .... na..na mentira... estaba pasando por aqui y me choque con una de mis hermosas parajitas de SUJU.... amo el KyuMin Aww ... espero actu pronto ... ya que esta interesante.... me despido... espero leernos pronto

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Re: [KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

Mensaje por Antho.Girl~ :3 el Mar Mayo 21, 2013 7:41 pm

por fin un fic yaoi.. pense q nadie pondria xD

pobreshito de minnie *n*.. Kyu lo cuidara ¬u¬ adsadjka conti, conti *--*

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Re: [KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

Mensaje por Kim Kathy ♡!~ el Miér Mayo 29, 2013 10:02 pm

Capítulo 1



SungMin despertó y miró el reloj de la mesilla de noche. Eran las dos y cuarto de la madrugada y necesitaba ir al baño. Pero era su primera noche en una casa desconocida y no le agradaba la idea de ir deambulando por ella a oscuras, aunque fuera el único ocupante.

Permaneció tumbado con la esperanza de volver a quedarse dormido, pero no lo logró.

“Contrólate, Lee SungMin”, se dijo. Ya era bastante mayorcito como para asustarse de la oscuridad, incluso en una casa antigua como aquélla, que pareciese estar llena de fantasmas y vampiros.

Apartó el edredón y bajó de la cama. Dudó unos segundos antes de avanzar a tientas hacia la pared, que estaba más cerca de lo que creía.

Tal vez debería haber prestado más atención cuando había dejado sus maletas allí, pero estaba tan agotado que sólo había logrado deshacer el equipaje a medias antes de quedarse dormido.

Finalmente alcanzó la puerta y la abrió sigilosamente. A pesar de que estaba solo en la caza, no le parecía bien hacer ruido.

Deslizó la mano por la pared del pasillo en busca del interruptor de la luz. Mientras lo hacía, las nubes se abrieron y la luz de la luna iluminó el final del pasillo. ¡Bingo! Allí estaba la puerta del baño.

Aliviado, fue hasta allí, abrió la puerta, entró y encendió la luz. Pero cuando salió minutos más tarde se quedo paralizada. La luz de la luna se había evaporizado y estaba de nuevo a oscuras. “No te asustes, Minnie. ¡Piensa!”
Tenía que haber una forma lógica de abordar aquel problema.

-De acuerdo- susurró-, mi cuarto es el…-contó con los dedos-… Tercero de la izquierda… Creo.

Avanzó de puntillas pegada a la pared.

Uno…

Dos…

Tres…

Abrió la puerta y avanzó rápidamente hacia la cama. Fue un error. Tropezó con un zapato suelto y chocó contra algo sólido. Enseguida comprobó que además de sólido era cálido… ¡Y que respiraba!
¡Había alguien en la casa! Un ladrón, un maniático asesino…

El cerebro de SungMin entro en cortocircuito. Demasiada información que asimilar. Afortunadamente, sus instintos primarios entraron en acción y dio un rápido paso hacia atrás con la intención de volver a salir por la puerta. Pero apenas había dado un par de pasos cuando una fuerte mano la sujeto por la muñeca.
Sin pensar en lo que hacía, SungMin se lanzó contra su atacante. Apoyó la palma de la mano bajo su barbilla y empujó con todas las fuerzas que su delgado cuerpo le permitieron, haciendo que el ladrón se tambaleara hacía atrás con un gruñido.

“Nunca volveré a protestar por las clases de autodefensa que me obligaste a tomar en el pueblo, mamá”-pensó un muy asustado conejo. En los surrealistas momentos que siguieron, SungMin se preguntó que hacía un ladrón desnudo de cintura para arriba en pleno marzo, pero antes de que el pensamiento se formara por completo en su cabeza el hombre lo sujetó con la otra mano y ambos cayeron al suelo en un revuelo de piernas y brazos.

SungMin notó enseguida que aquel hombre era notablemente más alto que él y, por la contundencia del pecho sobre el que acababa de aterrizar, también debía ser varias veces más musculoso que él.
Trató de apartarse, pero era evidente que el hombre no quería soltarlo. De un rápido movimiento, lo tumbó de espaldas sobre el suelo y lo sujetó con las manos por las muñecas a la vez que le aprisionaba los muslos con las rodillas.

SungMin luchó para liberarse, pero lo mismo habría dado que hubiese tratado de quitarse de encima un bloque de granito. Finalmente decidió quedarse quieto. El aliento con aroma a pasta de dientes del hombre acarició su cuello. Sintió que un correntazo pasaba por lo largo de su columna vertebral, pero por encima de esto sintió como el pánico comenzaba a inundar su cuerpo.
Tenía que actuar de inmediato, antes de que él hiciera su siguiente movimiento. Dejándose guiar por su instinto, alzó la cabeza y mordió a su atacante en el hombro. Luego, mientras el hombre gritaba de dolor, utilizó todas sus fuerzas para empujarlo a un lado.

El plan consistía en salir corriendo en cuanto lo quitara de encima… pero falló. Efectivamente, el hombre cayó a un lado, pero cuando SungMin trató de escabullirse, la sujetó por el pie y tiró de él. Mientras trataba inútilmente de aferrarse a la alfombra comprendió que lo estaba arrastrando hacia la cama.
Entonces fue cuando comenzó a gritar.
¿Cómo se atrevía aquel hombre a tratarlo así?

-¡Salga de mi dormitorio o…!
-¿O qué?

El hombre estaba claramente enfadado, pero había algo más en su voz. ¿Confusión?
De pronto la habitación se iluminó. SungMin apartó el rostro de la alfombra y parpadeó varias veces, desesperado por localizar la puerta. Cuando sus ojos se adaptaron a la luz vio una figura contra el azul pálido de la pared…
“¿Azul pálido?¡Cielo Santo!¡Mi cuarto era amarillo!”, pensó.

Volvió el rostro hacia su atacante y se topó con un par de intensos ojos marrones oscuros que lo observaban. Había algo en ellos… ¿No había soñado con unos ojos como aquellos justo antes de despertar?
De pronto sintió que se ruborizaba hasta las orejas.
Efectivamente, había visto aquellos ojos, pero no en sueños. Y no los había visto bajo un seño fruncido, como en aquellos momentos, sino sonrientes y centelleantes.
Dejó escapar un sonido mezcla de gemido y gruñido cuando, finalmente, el recuerdo ocupó su lugar.

-Lo… Lo siento-balbuceó- Me he perdido en la oscuridad-lanzó una mirada al hombre, que seguía claramente perplejo-, Creía… que era un maniáco.

El hombre parpadeó y SungMin comprendió que probablemente había pensado lo mismo de él.

-Señor Cho… Yo…
-Ya sé quien soy. ¿Pero quién diablos es usted?

SungMin se humedeció los labios y carraspeó.

-Soy Lee SungMin, su nuevo asistente.

Un mes antes

SungMin se quedó paralizado en cuanto cruzo el umbral de entrada de la cafetería. El chico del abrigo rojo había llegado temprano. Estaba sentado en una mesa, leyendo el periódico.
Sus castaños cabellos llegaba por debajo de su oreja. Unos pendientes de plata brillaron en sus orejas cuando se lo apartó para poder pasar la página. Unos pendientes que SungMin reconoció muy bien pues él mismo se los había regalado cuando obtuvo su primer trabajo.

El chico aun no se había fijado en SungMin, cosa que este agradeció. Lo miró con mas insistencia. Tal vez, si seguí así un momento acabaría recordando.
Sabía que era amigo cercano de aquel chico, recordaba la desordenada habitación que compartieron en la universidad, el olor a libros viejos en la biblioteca, las risitas y cotilleos al anochecer…
Pero no recordaba su nombre.

Desde que sufrió el accidente, recordar el nombre o la palabra adecuada se había convertido en algo parecido a tener que buscar algo a oscuras en una despensa abarrotada. Sabía que la información estaba en alguna parte de su cerebro, pero en realidad no sabía bien qué buscaba ni si acabaría reconociéndolo.
El movimiento de una camarera llamó la atención del chico, que, al alzar el rostro, vio a SungMin y sonrió.
SungMin le devolvió la sonrisa mientras no dejaba de repasar el alfabeto, como le habían sugerido que hiciese en el grupo de apoyo.
¿Aaron?¿AJ?¿Angel?
El chico se levantó y SungMin no tuvo mas remedio que avanzar hasta él.
¿Baro? No.
¿BaekHyun?
Se abrazaron mientras SungMin seguía repasando nombres.
¿ChangMin?¿DongHae?¿DaeHyun?

-¡Cuánto me alegro de verte, SungMin!

SungMin sabía que su amigo sería comprensivo si reconocía su olvido, pero estaba harto de que fueran comprensivos con él. Quería vivir su vida como el resto del mundo, sin miradas comprensivas. Ése era el principal motivo por el que había concertado aquella cita. Kim HeeChul. Por fin.

-Hola, Heenim- saludó, y finalmente pudo relajarse un poco- Me alegro mucho de verte.

Cuando se sentaron, HeeChul ladeó la cabeza y observó atentamente.

-¿Cómo estas?-preguntó.

SungMin había llegado a odiarla. La gente no dejaba de preguntarle aquello con expresión preocupada. Lo que querían en realidad era que les hiciera un informe psicológico y médico completo de su estado.
Sonrió.

-Estoy bien. Enserio.

-¿Sigues teniendo dolores de cabeza?

-Solo ocasionalmente- contestó SungMin con un encogimiento de hombros.

HeeChul sonrió y lo miró de arriba abajo.

-Te has cortado el cabello.

SungMin se llevo automáticamente a sus rubios cabellos. Solo hacía unos días que había ido a la peluquería y aún no se había acostumbrado a encontrar aire fresco donde antes se encontraban sus lacios cabellos recogidos por una coleta, y lo que aún se le hacía más extraño era el hecho de haber cambiado sus castaños cabellos por un rubio que prácticamente llegaba al blanco.

-Estaba listo para un cambio.

Por eso estaba allí. Lo mejor que podía hacer era ir al grano y formularle a HeeChul la pregunta que tenía en la punta de la lengua. Si no lo hacía pronto se arriesgaba a volver a casa sin haber mencionado el asunto. Abrió la boca para hablar.

-No sé tú- dijo HeeChul-, pero yo no puedo ponerme al día de los cotilleos de todo un mes sin una dosis de cafeína… y posiblemente uno o dos bollos.

SungMin volvió la mirada hacia el mostrador.

-Yo tomaré un…- se interrumpió.

¿Cuál era la palabra? Sabía que la sabía, pero no quería acudir a su cerebro.

-Ya sabes… esa bebida con espuma arriba…

HeeChul no se inmutó.

-Dos capuchinos- pidió a una camarera.

SungMin miró a la joven por encima del hombro de su amigo.

-Y un bollo con chocolate, por favor.

-Que sean dos- HeeChul sonrió mientras la camarera se alejaba- Ese es mi chico- No podrías olvidar el chocolate ni aunque lo intentaras.
Si su madre o su hermana hubiesen dicho algo asi SungMin las habría reprendido, pero el comentario de su amigo le hizo sonreir, porque lo había hecho como si no tuviera mayor importancia. Aquel pensamiento positivo reforzó su confianza. Iba a hacerle la pregunta. Estaba listo.
Pero necesitó un segundo café para armarse de valor.

-Te he citado con un motivo, Heenim. Necesito que me hagas un favor.

-Lo que quieras. Ya lo sabes- HeeChul se inclinó hacia delante y acarició el brazo de SungMin- Estoy dispuesto a hacer lo que pueda por ayudarte.

SungMin respiró profundamente. Necesitaba algo más que alguien dispuesto a escucharlo o darle apoyo moral. Mucho más.

-Necesito un trabajo.

HeeChul parpadeó, desconcertado.

-¿Un trabajo?

SungMin asintió a la vez que se mordía el labio.
HeeChul apartó la mirada y permaneció un momento pensativo.

-Lo siento, Minnie. Solo necesito un par de personas en la oficina y los puestos ya están cubiertos.

Oh, fabuloso. HeeChul creía que le estaba pidiendo un trabajo de caridad, con un mínimo de responsabilidades y sin retos. Pero SungMin no iba a renunciar. Estaba desesperado.

-No. Lo que quiero es que me incluyas en las listas de tu agencia, preferiblemente para un trabajo con alojamiento incluido. Necesito alejarme de Seúl una temporada. Seguro que habrá algo que pueda hacer. Ya sabes que soy buen cocinero…
HeeChul asintió y murmuró algo. SungMin supo que había puesto su mente a trabajar. HeeChul era dueño de una pequeña agencia de empleo especializada de ofrecer servicio doméstico a los ricos y famosos, tanto mayordomos, como choferes, cocineras y niñeras.

-Pero… ¿Puedes…?- HeeChul arrugó la nariz e hizo una pausa.

SungMin sabía lo que trataba de preguntar. Después del accidente y sus consecuencias, ¿sería capaz de conservar un trabajo a jornada completa? La verdad era que no sabía con certeza. Se había esforzado para elaborar estrategias y desarrollar mecanismos que lo ayudasen a superar los problemas de memoria y concentración que solían manifestarse tras recibir un serio golpe en la cabeza, aunque la mera idea de alejarse de su entorno familiar para empezar de nuevo le hacía ponerse a temblar.

-Solo tengo que esforzarme un poco más que los demás para organizarme. Eso es todo. Pero puedo hacerlo, HeeChul. Sé que puedo. Sólo necesito que alguien crea en mí y me dé una oportunidad… y tú me has ofrecido tu ayuda.
De acuerdo, aquello era jugar sucio, pero estaba desesperado.
HeeChul lo miró con expresión indecisa. Durante largo rato no dijo nada. SungMin casi pudo ver como giraban los engranajes de su cabeza.

-De acuerdo- dijo finalmente- Puede que tenga algo, te avisaré.


SungMin cerró la puerta de la casa de campo y trató de sacar la llave de la gastada cerradura victoriana, pero no lo logró.
Las cosas no estaban yendo bien. Había perdido las llaves y se había pasado un buen rato tratando de cerrar un maleta díscola. Si hubiese creído en los malos presagios, ya hacía varias horas que habría corrido a esconderse bajo su edredón. Pero éste estaba recién lavado, esperando a alguna otra persona, y el resto de su vida se había dividido entre cajas de embalaje y maletas. La casa de campo estaba vacía de posesiones personales y lista para ser alquilada. Alguna otra familia empezaría a crear sus recuerdos en ella.

Finalmente logró sacar la llave y guardó el llavero en su bolsillo. Había llegado la hora de irse… y también había empezado a llover. Tras echar una última mirada a la casa, se volvió y se encaminó con paso firme hacia su coche mientras la lluvia arreciaba.
Miró el maletín que llevaba en el asiento del copiloto. Por su abertura se asomaba un conejito de peluche rosado con un solo ojo y una de las orejas totalmente gastada. SungMin sintió que los ojos se le llenaban de lagrimas, pero se negó a parpadear.

Aquel día necesitaba mantener el control a toda costa.
Se irguió en el asiento, apoyó una mano en el volante y giró la llave en el contacto. El motor carraspeó cansinamente y SungMin rogó para que el coche no lo dejase en la estacada. Al segundo intento logró arrancarlo y se puso en marcha.
Una hora después conducía por la autopista tras una caravana. Solo iba a ochenta kilómetros por hora, pero no trató de adelantarla. Aquella velocidad era suficiente. Conducir no era su ocupación favorita aquellos días, y hacía tiempo que no se encontraba en una autopista. Se distrajo de los coches y camiones que lo adelantaban a toda velocidad con pensamientos de nuevos inicios y trabajos.

Todos se alegraron mucho cuando salió del hospital, convencidos de que no tardaría en volver a la normalidad. Y, tras un año, cuando por fin se fe de casa de sus padres y volvió a su casa de campo, sus familias y amigos suspiraron aliviados.
Todo había acabado. SungMin estaba mejor y ya podían dejar de preocuparse.
Pero SungMin no estaba mejor. Era posible que su pelo hubiese vuelto a crecer y hubiese ocultado las cicatrices de su cabeza, que hablara y caminara como antes, pero nada, nada volvería a ser nunca igual. Bajo su aspecto habitual era fundamentalmente distinto y siempre lo sería.

Centró la atención en la lluvia que caía sobre el parabrisas.
Agua. Eso era todo. Pequeñas gotas de agua. ¿Cómo era posible que algo tan intrascendente hubiese alterado el curso de tres vidas de forma tan drástica?
Afortunadamente, unos minutos después dejo de llover y pudo detener el parabrisas. Trató de relajar los hombros y se dio cuenta de que no había dejado de apretar los dientes desde el momento en que había puesto los pies en el acelerador. Hizo un esfuerzo consciente por relajar la mandíbula y flexionó varias veces los dedos con que aferraba el volante.

Al ver una señal azul en la autopista redujo un poco la marcha para poder leerla atentamente. Salida ocho. Aún le quedaban dos.
Prometió estar atenta para no saltarse la suya. Aquel día, perderse no era opción.
La caravana que llevaba delante comenzó a reducir la marcha. SungMin miró por el retrovisor. Podía adelantarla si quería. El carril estaba vacio.
Le llevó unos minutos armarse de valor para intentar el adelantamiento. Acababa de salir al carril contiguo tras poner el intermitente cuando vio por el retrovisor que un coche se acercaba a toda velocidad, frenaba a escasos centímetros de su guardabarros trasero y le daba las luces. Tenso, puso de nuevo el intermitente para volver a situarse tras la caravana. El coche, un Porshe rojo, la adelantó con una exhalación.

Seguro que estaba demasiado centrado en su ego como para pensar en los demás. Patético. Hacía tiempo había decidido mantenerse alejado de ese tipo de personas, ya estuvieran dentro o fuera de un coche.
Movió la cabeza y volvió a concentrarse en la conducción, aliviado al comprobar que solo faltaban dos kilómetros para la siguiente gasolinera. Necesitaba una dosis de cafeína.
Unos minutos después estaba sentado en una incomoda silla de plástico tomando café. El conductor del Porshe había hecho revivir en su interior sentimientos y recuerdos que trataba de evadir hacía tiempo, lo que resultaba aparentemente extraño, porque no lograba recordar el accidente en sí.

Pero tal vez había sido una bendición no estar consciente mientras lo sacaban del coche, con los cuerpos de su esposa e hija junto a el. Aunque no por ello su baqueteada memoria dejaba de inventar imágenes con que torturarlo en medio de la noche.
Tampoco tenía un recuerdo claro de los comienzos de su estancia en el hospital. Los médicos le habían dicho que eso era normal. Amnesia postraumática. Cuando trataba de recordar lo sucedido, una densa e impenetrable niebla gris se aposentaba en su mente.
A veces pensaba que sería agradable volver a perderse en aquella niebla, porque salir de ella para descubrir que su encantadora Sunny y su querida hija Young Mi de ocho años se había ido para siempre había sido el peor momento de su existencia.

Todo porque había llovido. Y porque dos jóvenes con un coche rápido no habían dado mayor importancia a ese hecho.
Miró su taza de café. Estaba vacía, pero no recordaba haberla bebido.
La perspectiva de volver a ponerse a conducir no le atraía nada, pero no le quedaba más remedio. Cerró un momento los ojos…
Si no seguía adelante con su plan, la única opción que le quedaba era admitir su derrota y volver a su casa para invernar eternamente. Podía hacer aquello. Tenía que hacerlo. De lo contrario, acabaría anquilosándose.
Respiró profundamente, se levantó del asiento, salió de la cafetería y se encaminó al coche con paso firme.


***

Gracias por leer y por sus lindos comentarios, espero les guste *O*





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Re: [KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

Mensaje por ●☆Kimmy Chan☆● el Jue Jun 20, 2013 5:52 pm

Ahahaha que interesante unnie ^^


No demores en subir actuuu, me mandas MP porfas.
Lo esperaré anciosa.

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Re: [KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

Mensaje por karo_OH19 el Mar Jul 16, 2013 12:17 pm

llego tarde............. pero ya lo lei.... me encanto con esta empezando todo.... quiero cap.....

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Re: [KyuMin]Y fueron felices... *Adaptación

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